Juan Torres López y Alberto Garzón

Se confirma el fracaso de las políticas europeas

Los últimos datos que acaba de presentar la oficina de estadística europea (EUROSTAT) muestran que Europa entra de nuevo en recesión. Dejando ahora de lado el hecho de que medir la evolución de la actividad económica a través del PIB desvirtúa bastante el conocimiento de lo que de verdad ocurre en las economías, lo cierto es que, incluso utilizando este indicador, la economía europea y la de la zona euro muestran su mal estado al registrar una caída del 0,3% en su actividad. Solo Francia, Eslovaquia, Bulgaria, Hungría y Letonia se salvan de los registros negativos. Y algunas ya empiezan a estar técnicamente en recesión (dos trimestres con crecimiento negativo). Entre ellas Bélgica, Holanda, Italia, República Checa, Dinamarca y Eslovenia. Y, por supuesto, las de Grecia, Portugal y posiblemente Irlanda cuando se conozca el dato del último trimestre.

Se trata, pues, del primer paso hacia la recesión generalizada en Europa, que casi con toda seguridad podemos decir que se está ya produciéndose en el trimestre en el que ahora nos encontramos y que seguramente afectará incluso a la "locomotora" europea, pues Alemania ya registró un crecimiento negativo (-0,2%) en el último trimestre de 2011, lo que demuestra que las políticas que impone a los demás ni siquiera son buenas para su propia economía porque ésta vive de la demanda ajena (de lo que está "tirando" de su actividad en los últimos meses es su sector de la construcción).

Más nubarrones en el horizonte

No obstante, sería ingenuo creer que lo que está pasando en Europa es solamente que bajan unas décimas los registros de la actividad económica y que eso se resolverá pronto.

Si se entra en los detalles de esta caída, las siguientes circunstancias permiten deducir que la situación es más grave de lo que parece y que va a empeorar a lo largo del año:

• El deterioro se está produciendo en prácticamente todos los países europeos (Francia seguramente se añadirá a los de registro negativo en este primer trimestre de 2012), lo que quiere decir que es el conjunto de las políticas, su impulso y diseño general, lo que falla, y no solo su mala aplicación por algunos países.

• Se viene produciendo una considerable disminución del consumo privado como consecuencia de la moderación salarial y de la subida de impuestos indirectos, que están deteriorando la capacidad adquisitiva de la inmensa mayoría de la población europea. Esto significa que aumentarán la pobreza y la exclusión social, dando lugar al círculo perverso que siempre origina el deterioro de las condiciones de vida, que a la postre lleva consigo cierre de empresas, más desempleo... y peor rendimiento económico.

• La caída en la utilización de la capacidad productiva adelanta que la inversión no se va a recuperar en bastantes meses.

• Nada indica que se esté dispuesto a cambiar las políticas de recorte del gasto público, de modo que se va a seguir provocando el aumento del desempleo y del cierre de empresas como consecuencia de la menor demanda y de la pérdida de estímulos esenciales a la inversión y la innovación.

• Aunque algunos países mejoran el saldo exterior (como España), es más bien como efecto de la caída de las compras al extranjero que de la subida de exportaciones, lo que indica que reducir salarios no ha conseguido en realidad mejorar la competitividad global en Europa, tal y como dicen los defensores de las políticas que se están imponiendo. Ocurre, como hemos comentado en otros artículos, todo lo contrario: el empobrecimiento general.

• Los indicadores de confianza económica han bajado a los niveles de 2009.

• Los diferenciales de deuda entre los países han aumentado en los últimos meses, a pesar de que los diferentes países han ido aplicando las recomendaciones de las autoridades europeas y de que el Banco Central Europeo ha intervenido masivamente; lo que hace prever que el problema de la deuda no solo no está solucionado sino que va a aumentar o incluso a estallar en los próximos meses. Téngase en cuenta que los recursos disponibles del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y del Mecanismo Europeo de Estabilidad son insuficientes para hacer frente a las necesidades de financiación de España e Italia en los próximos tres años. Con la aportación del FMI llegaría justo, pero a poco que la situación en estos o en otros países se agrave se producirá una crisis generalizada.

• Las encuestas de los bancos centrales apuntan a que empeoran las condiciones de acceso al crédito, y esto es, muy posiblemente, lo que va a marcar el tipo de crisis asociada a la nueva etapa de recesión: un nuevo racionamiento del crédito que, al añadirse al que ya se viene produciendo, puede llegar a paralizar a toda la economía europea, provocando con ello otra debacle mundial. Hasta el Banco Mundial acaba de señalar en un reciente informe que hay riesgo de "una crisis global de dimensiones iguales o superiores a la crisis de Lehman Brothers, en 2008“ (Global Economic Prospects 2012a: Uncertainties and Vulnerabilities. Resumen ejecutivo en español en: http://bit.ly/x4safr).

Empeñados en fracasar para no actuar contra los bancos

A nuestro juicio, estos datos muestran de forma clamorosa el fracaso indisimulable de las políticas que se vienen aplicando en Europa.

Y es, además, un fracaso largamente anunciado porque nace de no querer reconocer ni enfrentarse a la situación real de partida: tratando de aumentar ad infinitum su negocio (la generación de deuda), la banca ha destrozado el sistema financiero haciéndolo saltar en mil pedazos. Y como consecuencia de ello, ahora nos encontramos con dos problemas entrecruzados. Por un lado, con una necesidad extraordinaria de financiación para hacer frente tanto a la deuda privada auspiciada por la banca como a la pública acelerada por la crisis. Y, por otro, con un sistema financiero que no está en condiciones de proporcionar el crédito que necesita la economía sencillamente porque la banca está quebrada, porque, por mucho que se permita que se manipulen sus balances con artimañas contables, lo cierto es que ha consumido su capital propio y el ajeno en las operaciones de altísimo riesgo y completamente improductivas que lleva realizando desde hace años. Y, para colmo, porque en lugar de disciplinar a la banca, las autoridades le permiten que utilice los cientos de miles de millones de euros que pone en sus manos para que siga especulando y para que, en lugar de financiar a la economía, se lave la cara y siga disimulando la magnitud del destrozo que ha provocado.

En lugar de hacerle frente con realismo, ante esta situación las autoridades europeas han decidido ponerse al lado de los banqueros para darles todo tipo de facilidades y ayudarles a salir adelante, renunciando así a la fórmula de solucionarla más racional y efectiva y menos onerosa para los ciudadanos: dejar caer a la banca arruinada y garantizar la financiación como un servicio público esencial a través del Banco Central Europeo y de bancos nacionalizados.

Para justificar su política de apoyo a la banca, mienten a los ciudadanos sobre el origen y naturaleza de la deuda y les dicen una y otra vez que lo urgente es aliviarla y moderar la demanda adicional de financiación (porque hemos vivido, dicen, por encima de nuestras posibilidades), y que ello solo se puede conseguir reduciendo los salarios y recortando el gasto público. Porque con salarios más bajos las economías serán más competitivas y obtendrán más ingresos para pagar la deuda, y porque con menos gasto público habrá más recursos para pagarla.

Se trata de una política completamente errónea y falsa. Y la mejor prueba de ello son los datos que muestran, como vimos al comienzo, que la economía europea se viene de nuevo abajo cuando se pone en marcha.

La verdad es que lo que persiguen las autoridades europeas es otra cosa. La primera, como hemos dicho, salvar a los banqueros porque estos se lo imponen gracias al gran poder político que han acumulado, y que ya se traduce en su presencia directa en los gobiernos. Y, complementariamente, aplicar la creencia liberal que afirma que la economía sale adelante solo si se dan alas al sector privado. Y eso es lo que les lleva a imponer la privatización del poco capital público que ya va quedando para regalárselo al capital privado, las reformas (laborales, financieras...) que permitan multiplicar rápidamente los beneficios empresariales, y poniendo cada vez más recursos en manos de los bancos y los grandes fondos de inversión (mediante el salvamento bancario o la privatización de las pensiones y del ahorro público).

El problema es que esto no solo es una forma sumamente injusta de repartir la riqueza, sino también una quimera desde la perspectiva del funcionamiento global de la economía: lo que consiguen es deteriorar la demanda, y sin ella solo pueden salir adelante las empresas que tengan mucho poder de mercado y una clientela completamente fidelizada. Para ellas, y para los bancos que siguen teniendo barra libre en el Banco Central Europeo y copiosas ayudas de los gobiernos, es una jugada perfecta. Pero es letal para las pequeñas y medianas, para los trabajadores y para la economía en general.

Ahora bien. Ya no basta con creer que asistimos a un fracaso indisimulable de la política económica por culpa de errores o de una mala coyuntura. Las políticas de austeridad y recorte de derechos económicos y sociales fallan porque simplemente se orientan a distribuir ingresos en favor del gran capital y a aumentar el poder de sus propietarios. Y si tomamos en cuenta el daño que conscientemente están haciendo a millones de seres humanos, hemos de reconocerlas no como un error, sino como un crimen económico.

20/2/2012

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