Fuertebrazo

Aforismos sectarios

Una de las muchas falacias neoliberales que se ha tragado la gente es la inutilidad económica de las disciplinas humanísticas. Fijaos en la lengua. Sólo unos grandes lingüistas podían adulterar el lenguaje de nuestra sociedad transformando sustantivos desprestigiados ("empresarios") en adjetivo positivos ("emprendedores"), acuñando oxímoros para no mencionar algo desagradable (“crecimiento negativo” por “recesión”), sacralizando verbos ligeros y dinámicos para indicar acciones duras y estáticas (“flexibilizar” y “ajustar” por “precarizar” y “recortar”), empleando frases simplonas pero eficacísimas con vistas a culpabilizar a la ciudadanía de las políticas económicas que se le imponen (“Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”), y así un largo etcétera. Quien maneja la lengua domina las coordenadas por las que se mueve nuestra capacidad de comprensión de la realidad. De ahí su rentabilidad política y económica y el porqué la derecha insiste en desprestigiar el estudio de las Humanidades. Puestas así las cosas, los rojos haríamos bien en proponer la disolución de una Real Academia de la Lengua que no limpia ni da esplendor a nuestra lengua maltratada, por una Republicana Academia de la Lengua que nos ayude a reapropiarnos de ella.

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La Iglesia católica nos invita a tomar los hábitos en nombre de la “estabilidad laboral” de la que goza el oficio. Se busca urgentemente contrarreformador neoliberal para volver más productivo, eficiente y eficaz el negocio clerical…

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Respondiendo a Willy Brandt después de tres décadas de neoliberalismo alocado: quien de joven no es comunista, es que no tiene corazón; y quien de viejo no es comunista, es que no tiene cabeza.

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A Felip Puig, del bienestar social de sus conciudadanos, le suda la porra.

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Decían que el euro era una Europa democrática en los bolsillos de los ciudadanos. Nos mintieron: era una Europa plutócrata que hurgaba en nuestros bolsillos.

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La Ley de Murphy tiene su punto final en Rosa Díez.

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La semana pasada, un militante del Partido Popular me dijo que era un placer hablar conmigo porque era “un rojo nada sectario”. Todavía ando preguntándome en qué habré fallado…

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En el editorial del primer número de mientras tanto, Manuel Sacristán escribió que la revista se comprometía a mantener “sosegada la casa de la izquierda”. Está bien. Soy un militante disciplinado y acato la consigna. El problema es que se olvidó decirme qué hacer cuando la casa de la izquierda no me mantiene sosegado a mí.

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Josep Piqué afirma que dejó de ser rojo el día en que comenzó a entender la economía. ¡Lo que es la vida! Yo me hice rojo el día en que comencé a entender a Josep Piqué.

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La historia de los grandes medios de comunicación se puede resumir en que se dedicaron a elogiar la cordura de los pirómanos y a denunciar la locura de aquellos que avisaban del incendio.

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Hace tiempo que los nacionalistas españoles y los nacionalistas “periféricos” llevan un disputado certamen sobre quién de los dos imita peor al otro. El problema es que cada uno de ellos lo hace tan bien que nunca sabremos quién será el ganador.

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La historia reciente nos ha demostrado que la “Ley general de la acumulación” que Marx aplicaba a la economía capitalista, también se puede aplicar al discurso político: cuanta más innovación, más gente que se va al carajo.

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30/3/2012

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