No es un pin, es un pam a la escuela pública

Miedo a las mujeres desde 1931

Joan Mª Girona

 

Estamos perdiendo el tiempo respondiendo a las tonterías que dicen o escriben (esto lo hacen poco) unos cuantos iluminados con ideas abstrusas (de difícil comprensión) sobre la censura escolar. Quería titular el artículo “Pin, pam, pum” para rememorar el título de una película, Pim, pam, pum, fuego!, dirigida por Pedro Olea en 1975 y ambientada en la situación de la inmediata postguerra. Lo que estamos viviendo no se puede comparar a lo que se vivió en aquellos años, a pesar de que haya algún elemento que nos lo recuerda. Estamos ante un juego que puede llegar a ser peligroso. Es, como mínimo, una maniobra de distracción. A los que difunden estas ideas de difícil comprensión les molesta que funcione una enseñanza pública que actualmente intenta atender a todo el alumnado sin exclusiones de ningún tipo, que quiere potenciar el pensamiento crítico y animar a las criaturas y a los adolescentes a tener iniciativa y respetar a todas las personas. Debemos recordar que todas las personas son respetables, pero todas las opiniones no.

No es casualidad que la campaña ponga en primer término la denuncia de la igualdad de género y de las diversas orientaciones sexuales. No les preocupa la desigualdad económica, ni las diferencias de clase social; les preocupa sobre todo, que las mujeres puedan tener un papel preeminente en nuestra sociedad. Es la columna vertebral: hace falta anular a las mujeres, hay que someterlas, hay que dominarlas para poder mantener un sistema socioeconómico que permite aumentar, poco a poco, las desigualdades y el poder de los ricos sobre los pobres, de los hombres sobre las mujeres, de los blancos sobre las personas de otros colores. Las acusaciones contra la igualdad de género y contra las personas feministas es un reflejo del miedo que los hombres de derechas tienen a la liberación de las mujeres. Un miedo que ya se hacía público en los años de la República (1931-1939).

Si nos dejamos engañar y discutimos sobre la censura escolar, permitiremos que continúen las desigualdades de las redes de enseñanza (pública, concertada, privada) y las segregaciones sociales y de otros tipos en las escuelas. Permitiremos que las religiones se mantengan presentes en las aulas, que la enseñanza tradicional domine a las inevitables transformaciones educativas. Dejaremos de lado la necesaria colaboración con las familias, su implicación y complicidad con la educación de sus hijos e hijas.

Iría bien que, denunciando estas burdas pero graves maniobras, reflexionáramos un poco sobre la realidad actual. Debemos pensar también en lo que tenemos y que permite a los reaccionarios continuar con sus chistes y falsas noticias. Mantener el inexistente derecho a escoger escuela por parte de las familias está en esta línea. Si se puede elegir la escuela (sostenida con dinero público) que quiero para mis hijos o hijas, ¿por qué no puedo escoger lo que se enseña allí?

El proceso lento pero continuado de las administraciones de nuestro país para privatizar enseñanza y sanidad también da campo, indirectamente, a los que quieren separar todavía más a ricos y a pobres, a autóctonos y a recién llegados: centros privados para autóctonos ricos y públicos para el resto. Si las administraciones educativas no se oponen claramente al clasismo y al racismo presente en nuestra sociedad se da pie a las actitudes que hemos escrito. Si no defienden seriamente que la escuela pública debe ser inclusiva, que debe permitir el acceso a todas las personas en plano de igualdad, costará mucho más hacer frente a los que la quieren destruir.

La generación adulta es responsable, en su conjunto, de la educación de las generaciones jóvenes. Hemos escrito muchas veces que todo el mundo es responsable de la educación. Los centros escolares son un elemento educativo más, seguramente no el principal. A los familiares, a pesar de las incertidumbres que vivimos, les corresponde la parte más importante del hecho educativo. No es bueno delegar excesivamente en la escuela. Esta desresponsabilización podría comportar, por compensación, querer controlar qué se hace en las aulas. Es preferible animarnos mutuamente, familias y docentes, a llevar a cabo el papel que nos corresponde a cada cual. Todos y todas tenemos mucho que decir en la educación de niños y adolescentes. Una colaboración en plano de igualdad es una buena manera de combatir a los que quieren eliminar el pensamiento crítico y la libertad. Las otras instancias educativas (movimientos infantiles o juveniles, clubes de deporte, asociaciones de vecinos, bibliotecas, redes asociativas de barrio...) también deberían expresar su posicionamiento, también deberían defender la libertad que las derechas nos quieren arrebatar.

La escuela, queramos o no, transmite una determinada ideología, una determinada visión del mundo. Unos cuantos ejemplos: ¿Tenemos en cuenta los riesgos evidentes del cambio climático? ¿Defendemos un sistema económico que mantiene y aumenta las desigualdades? ¿Hacemos coeducación, o nos conformamos con la escuela mixta que tenemos? ¿Luchamos contra el eurocentrismo? ¿Contra los racismos que ponen en cuestión determinadas expresiones culturales? ¿Por qué usamos los mapas tradicionales, aunque sea la proyección Peters, donde el llamado norte siempre está arriba y el sur abajo? Denominar los polos norte y sur no es ninguna casualidad ni es algo neutral... pero lo continuamos haciendo en la mayoría de escuelas e institutos. Un ejemplo pequeño que nos puede hacer reflexionar sobre lo que tenemos en cuenta y lo que no a la hora de transmitir o ayudar a pensar a nuestro alumnado. La enseñanza no es ni puede ser neutral. La pretendida neutralidad está siempre a favor de los poderosos: hay que tenerlo en cuenta cuando defendemos el trabajo que hacemos los enseñantes.

Hacer correr noticias falsas y aberrantes es propio de los medios de derechas. Los franquistas ya lo utilizaron a lo largo de la guerra española y durante los 40 años de dictadura. Estamos ante una ofensiva muy clara contra la escuela pública, contra la enseñanza en libertad, contra la igualdad de oportunidades. Aquí está el núcleo de la ofensiva, mientras que la tontería del pin es la cortina de humo para que olvidemos la clave de la situación. Quieren revertir los avances, pequeños o grandes, conseguidos desde el final del franquismo. Quieren volver a la época oscura y autoritaria. Quieren evitar que —como dice el maestro protagonista de La lengua de las mariposas (1999), del recientemente fallecido José L. Cuerda— toda una generación sea educada en libertad; porque este hecho sería irreversible.

 

Joan Mª Girona  es maestro y psicopedagogo



19/2/2020

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