Juan José Guirado

Compraventa de pueblos

Cuando escribía esas líneas, las bombas caían sobre Gaza y los niños llegaban agotados a Ceuta. Me movió a escribirlas la coincidencia temporal, pero desde luego no casual, de ambas tragedias. La "amistad" forzada entre países, a costa de los pueblos, pura mercancía en el tablero de apuestas, me recordó unos versos que la indignación dictó hace más de un siglo.

Hoy que la actualidad es puro humo fugaz, más de cien años de cambalache deberían fijarnos en la memoria lo que los telediarios, con su paso rápido de la guerra a los deportes, encienden y apagan con siniestra frivolidad. En pocos días Gaza y Ceuta parecen cosas del pasado, lejanos como aquella primera gran guerra. Pero los hechos son tozudos, persisten y vuelven una y otra vez, y nosotros debemos ser tan tozudos por lo menos como ellos.

(Ejercicio comparativo para el lector: semejanzas y diferencias entre el asalto a Ceuta y la Marcha Verde; monarca y nieto manipulando sin pudor a su pueblo).

Publicado el artículo en su versión gallega la semana pasada en de vella a bella, dejo aquí la traducción al castellano.

Versos de acero

Este libro fue publicado en 1915. La primera guerra mundial comenzaba apenas con todo su espanto, sorprendiendo a quienes creían, como muchos ahora mismo, que el temor de todos a su propia destrucción la haría imposible. Como en la segunda, el cálculo insensato de los que esperaban una rápida victoria condujo al desastre. Se prolongó durante años, y aún faltaba lo peor.

El libro se lo regaló su autor a mi padre, durante otra guerra que se prolongaba, otra vez, más de lo que habían previsto quienes la iniciaran. Regalo de un marino viejo a otro más joven. Marinos de guerra que no amaban la guerra.

De este raro librito he publicado en esencial o menos tres poemas, LUZ EN TINIEBLASBENEDICTO XV y LAS ARENGAS. El actual mercadeo con vidas humanas que estamos presenciando ahora mismo me hace recordar este soneto de hace más de un siglo. La realpolitik no es nada nuevo:

Liquidación por traspaso

«En Sofía no han satisfecho las ofertas de Bucarest; pero Bulgaria sigue negociando con ambos bandos beligerantes, para salvaguardar los intereses nacionales…»

«La opinión helena sigue siendo favorable al cuádruple acuerdo; mas en Atenas solo se permite hablar de una neutralidad benévola…»

«Rumanía está en espíritu con los aliados, mas no hay que olvidar que rige sus destinos un Hohenzollern…»

 

Una neutralidad en muy buen uso
se ofrece, a quien mejor quiera estimarla;
una prenda, que es… ¡sin alabarla!,
más confortable que un capote ruso.
 
Quien tal ganga no logra es un iluso,
porque ni en la mitad han de pagarla;
pasen pues, los señores a pujarla
sobre la tasa que un perito puso…
 
─¿Cuánto ha dicho el señor?... ¡Son pocas liras!
¿Usted, diez marcos?... Ya dan más dineros…
¿Trece francos no más?... ¡Qué disparate!;
 
¡No la pagan ustedes ni hecha tiras!
Pero, en fin: véanla los caballeros
y… después seguiremos el remate…

*****

Veamos estos casos de ahora mismo. Un Trump desahuciado, haciendo suya la frase «para lo que me queda en el convento…», quiso marcharse haciendo todo el daño que aún le era posible.

Su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel había envalentonado a Netanyahu, dándole barra libre para acentuar su eterna limpieza étnica. Este corrupto personaje, acosado por los tribunales de su país, quiere galvanizar a los “patriotas” a costa de los palestinos, y lanza un ataque genocida contra Gaza, tras insólitas provocaciones que no han merecido mucha atención de nuestros medios.

En la misma línea, una de las últimas decisiones del expresidente norteamericano reconoce, contra todo derecho, la soberanía marroquí sobre el Sahara. La que, en otro chalaneo mercantil y de oportunismo político, el último gobierno de Franco (o el primero del rey emérito, según se mire) regaló al abuelo del actual dictador de Rabat.

Al monarca alauí, como por otras razones a Netanyahu, lo presionan a la vez la desastrosa situación de su país, acentuada por la pandemia, y las nuevas tensiones en el Sahara, y desvía la atención con la criminal acción de Ceuta, a la vez que enardece a sus “patriotas” contra España y Europa.

En ambos casos, la infamia de las conductas no se corresponde con las tibias respuestas de los gobiernos, y el nuestro en particular, atado desde luego por la herencia recibida de los anteriores. Obedecen, más que a razones de ética política, a un mercadeo bochornoso.

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Mercadeo que se pierde en la noche de los tiempos, pero para analizar el caso que liga los sucesos de Ceuta con los simultáneos de Gaza, bastará remontarse al momento en que Franco condicionó la soberanía de nuestro país a cambio de su propio reconocimiento internacional. A partir de entonces hay en España, aunque se obvie el término, ocupación militar por parte de los Estados Unidos.

Lo que era un acuerdo bilateral lo remachó el efímero gobierno de Calvo Sotelo con la entrada en la OTAN, organización de la que, que yo sepa, nadie ha podido salir. Luego la consolidó el gobierno de Felipe González, con aquel giro copernicano y rapidísimo que logró dar la vuelta al famoso referéndum.

Atados y bien atados a los intereses de la gran potencia, nuestra política exterior tiene el vuelo corto.

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En los inciertos momentos que antecedieron y sucedieron a la muerte de Franco, la oscura maniobra que culminó con la Marcha Verde y regaló el Sahara a Marruecos selló una alianza de intereses comerciales, públicos y privados, entre nuestra renaciente monarquía y la de Marruecos.

Durante nuestra dictadura, la sola existencia de un movimiento independentista y una lucha armada en el Sahara era un secreto de Estado tan bien guardado que solo muerto el dictador supimos que había un Frente Polisario. Para los testamentarios, la venta de aquella “provincia”, con sus ciudadanos españoles, aunque quisieran entonces dejar de serlo, y con sus fosfatos de Bucraa, fue un buen negocio y una buena oportunidad para zafarse de una guerra colonial.

(Para que se entienda la enormidad del caso, pondré un ejemplo imaginario, con todas las diferencias que conlleva, y que es solo un símil absolutamente irreal. Supongamos que Cataluña y Euskadi, tras alcanzar una amplísima mayoría el independentismo, mantienen una guerra por su independencia. Francia codicia saltar los Pirineos, y ofrece quedarse con estos territorios, los más prósperos de la península. Entonces ambos gobiernos llegan a un acuerdo: tú te quedas con el territorio, la población y el problema y a cambio nuestros capitalistas harán buenos negocios…

¿Sería esto del todo imposible? No exactamente así, pero bastaría que, como en el caso yugoslavo, España fuera un “país díscolo” a destruir. Ejemplos secesionistas fomentados por las potencias no faltan en la Historia, antigua o reciente. Los independentistas de aquí deberían hacérselo mirar.)

Aquel asunto tan mal resuelto ha sido siempre un quebradero de cabeza para los sucesivos gobiernos, oscilantes entre un vergonzante acatamiento de la legalidad internacional, un cambalache comercial y una sumisión político-militar.

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Brahim Ghali nació en la “provincia” en 1949, cuando aún era colonia, y desde los siete años hasta los veintiséis fue ciudadano español de pleno derecho. Como tal, sirvió en nuestro ejército, y aprovechó su experiencia militar para iniciar, en 1973, la lucha armada por la independencia de su país.

De la bochornosa situación en que se encuentra atrapado este gobierno (una más, porque es literalmente una plaza sitiada) es muestra el vergonzante modo de atender al ahora presidente saharaui en un hospital español. Por una parte, negarle la asistencia sería, además de una canallada, un desprestigio absoluto para la potencia responsable, todavía, de la siempre irresuelta cuestión de la soberanía. Pero el miedo a la presión marroquí quiso resolver esta atención sanitaria de forma clandestina.

Claro que la mano del espionaje (¿norteamericano, marroquí, israelí…?) y su enorme poder corruptor destapó esta maniobra y no pudo evitar lo que torpemente se quiso evitar. En otro orden de cosas, actitudes tan vasallas me recuerdan el paso por Barajas de la vicepresidenta de Venezuela, o el reconocimiento de Guaidó.

También la judicialización de un caso de hace más de treinta años, de la mano de “disidentes saharauis” que no es fácil saber si fueron víctimas o agentes marroquíes, en una situación de guerra, complica la situación. Así, al anciano luchador lo cita ahora como imputado un tribunal español. Y está literalmente en sus manos.

¿Cómo se resolverá este caso tan enlodado? Los gobiernos, y son casi todos, que sustituyen la valentía por el cálculo político lo tienen difícil.

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El jugador de billar busca la carambola. La carambola política, buscada o no, reúne en un mismo punto piezas que, tras seguir trayectorias diferentes, coinciden en el tiempo. La oleada migratoria ceutí y el criminal ataque a Gaza son la carambola de una tacada lanzada por el anterior presidente norteamericano y que me temo que el actual no revierta. Antes al contrario, la mantendrá, aunque se sienta aliviado por no haberla propinado él.

La estrategia de los Estados Unidos tiene, en ambos extremos del Mediterráneo, dos aliados firmes. Ahora los quiere convertir en amigos, y a cambio regala a cada uno soberanías que maneja como si fueran suyas.

Poco importan las vidas. Las personas son mercancías, y como tales tienen un valor de uso y otro de cambio.

 

 

[Fuente: Blog esencialomenos]

2/6/2021

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