Recuerdo de urgencia de Agustí Roig

Albert Recio—Redacción

Hace pocas horas he recibido la triste noticia del fallecimiento de Agustí Roig. Con él tuve a la vez poca y mucha relación: poca porque coincidimos personalmente, que tenga constancia, en un par de ocasiones —aunque los dos hemos participado en este espacio amplio de la izquierda alternativa, no nos encontramos directamente—, pero a la vez mucha porque fue durante muchos años una persona crucial que hizo posible que mientras tanto llegara a bastante gente. Era un trabajo nada vistoso que asumió motu propio. Se ofreció a llevarlo a cabo por la simple voluntad de que la revista saliera adelante cuando lo digital sustituía al papel. Una de las pocas veces que tuvimos contacto personal fue en una charla para explicarnos la importancia de las redes sociales y ofrecerse a realizar la labor de difusión en Facebook y administrar la lista de suscriptores. Este tipo de generosidad es rara. Pocas personas ofrecen trabajo gratuito en tareas oscuras. Por amor al arte, por solidaridad con un proyecto, por pura generosidad. Me consta que era una persona brillante, pero creo que son cosas como las que comento las que explican mejor que nada la calidad moral y las convicciones profundas de una persona. En los últimos tiempos nos encontrábamos en Facebook, donde solía aportar comentarios críticos a mis “paridas”. Pero el encuentro personal ya no será posible. La vida, lo aprendí en un filme de Truffaut, es una sucesión de entierros de gente querida. Y casi siempre llegamos tarde a mostrar nuestro reconocimiento y cariño a personas que se lo merecen. Y, demasiadas veces, solo apreciamos su importancia cuando es demasiado tarde. Agustí, gràcies per tantes coses.

30/9/2021

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