Ferran Gallego y Francisco Morente (editores)

Rebeldes y reaccionarios. Intelectuales, fascismo y derecha radical en Europa

El Viejo Topo, Mataró, 2011

El examen analítico e interpretativo de las proteicas relaciones anudadas entre modernidad y fascismo, así como del protagonismo que desempeñaron en ellas no pocos intelectuales animados por la voluntad de insuflar aliento a la materialización efectiva de “las bellas ideas que matan” (F. T. Marinetti, 1909), posee un dilatado recorrido bibliográfico cuyo origen cabe situar algunos años antes del derrumbe definitivo del fascismo italiano y del nazismo alemán. No obstante, será a partir de 1945 cuando se irán armando cuadros conceptuales y metodológicos específicos con los que poder ir clarificando con creciente rigor la naturaleza del complejo fenómeno denominado por J. Herf, en un libro ya clásico, “modernismo reaccionario”, fórmula rayana en un oxímoron que tan sólo podrá sorprender si se desconsidera el alto grado en que el nazifascismo se nutría de ellos.

Sin duda, es de los cuadros aludidos de donde ha procedido y procede el conocimiento más fiable del que disponemos sobre un universo que, por otra parte, cuenta con un número indeterminado de vuelos especulativos de textura más filosófica que historiográfica. Al respecto, acaso no sea improcedente apuntar que la potencialidad explicativa de tales vuelos ha sido objeto de algunas reservas cautelares que incluso han alcanzado a dispositivos de alta fecundidad heurística como el que M. Horkheimer y T. W. Adorno diseñaron en la década de los cuarenta con el propósito de explorar —a través de categorías ciertamente poco deudoras del trabajo empírico— las eventuales conexiones existentes entre la razón instrumental expandida por la modernidad y el escenario teratológico sobrevenido con el nazifascismo.

Los textos reunidos en Rebeldes y reaccionarios son el resultado del brillante trabajo realizado por un elenco de historiadores con fértil recorrido profesional y prudentemente alejado del uso de recursos ajenos al ámbito historiográfico. Con base inicial en un seminario universitario (UAB) organizado en mayo de 2010  por el Grup d’Estudis República i Democràcia, el conjunto se asienta en un impresionante rastreo de fuentes y documentos cuidadosamente seleccionados y analizados con el fin de proyectar nuevas luces sobre la génesis y el desarrollo del pensamiento y la acción mediante los que determinados intelectuales fascistas contribuyeron a crear una simbología, unas instituciones culturales —y publicística— concebidas para dotar de consistencia y continuidad a un discurso en cuya reacomodación “modernizadora”, sin embargo, no podían dejar de incidir tensiones y modulaciones derivadas tanto de las antinomias internas al propio discurso (conservador y subversivo a un tiempo) como de las cambiantes circunstancias exteriores al mismo.

No nos es posible aquí dar cuenta del contenido miscelánico de este valioso libro de otra forma que no sea la de la mera enumeración sumaria de los ensayos que lo componen. Se aborda en ellos el estudio de las motivaciones subyacentes al compromiso político de Ezra Pound; el de las distintas aportaciones teóricas encaminadas a resituar el término socialismo en el entramado ideológico de la denominada revolución conservadora alemana; el de los factores objetivos y subjetivos observables en la deriva fascista de un intelectual francés (Paul Marion) en ruptura con su propio pasado comunista, así como, en sendos ensayos, el de la trayectoria de dos intelectuales que, en España, evolucionaron desde la derecha clerical (Joaquín Ruíz-Giménez) y el fascismo (Dionisio Ridruejo) hacia el activismo democrático; el de la significación de las múltiples apelaciones a la violencia y correlativo culto a la necrofilia advertibles en los textos de dos de los artífices mayores del falangismo (Ramiro Ledesma Ramos y José Antonio Primo de Rivera); el de la argamasa retórica utilizada por los colaboradores de Vértice, revista falangista, para ahormar la ideología de la España Nueva; el de las dificultades con que necesariamente habían de topar bajo el mussolinismo los intentos regeneracionistas de un honesto y lúcido intelectual (P. Gobetti); el de la importancia que poseyó para la recepción de la cultura del nazifascismo en España la creación y actividad adaptativa al nuevo orden de uno de los laboratorios propagandísticos basilares del régimen (el Instituto de Estudios Políticos); el de la reinterpretación del pasado a la luz del 18 de julio y la codificación de ambos en términos de abarrocada respuesta española a los desafíos de la modernidad; el del relato de la Cruzada franquista como narrativa movilizadora para estigmatizar y legitimar la aniquilación del enemigo; y, en fin, el de los avatares experimentados por un crecido número de científicos alemanes emigrados a EE.UU. durante el Tercer Reich.

En suma, esta remarcable contribución historiográfica permite acceder a algunas de las matrices significativas (individuos e instituciones) en la configuración del imaginario fascista tanto en España como fuera de ella. Por lo demás, también en esta ocasión la mirada histórica rigurosa conlleva la posibilidad de abrir interrogantes cuyo alcance va mucho más allá de la incursión a tiempos pasados. En tal sentido, bien pudiera afirmarse que el sombrío horizonte hacia el cual apuntan los nuestros convierte en inquietantemente instructivos unos ensayos volcados a mostrar, en su conjunto, los singulares caminos por los que puede llegar a irrumpir la destrucción de la razón, así como el bagaje de herramientas con el que muchos intelectuales los transitaron.

Jordi Torrent Bestit

28/1/2012

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