El proceso de unidad comunista en Cataluña: limando los extremos

Ricard Ribera Llorens

El espacio comunista en Cataluña se encuentra dividido en distintas estructuras de partido desde la crisis estallada en el V Congreso del PSUC de 1981 y la consiguiente creación del Partit dels Comunistes de Catalunya (PCC) el año siguiente. El mapa actual proviene de 1997, cuando, después de la progresiva desaparición del PSUC histórico, la fundación del PSUCviu (bajo la influencia Partido Comunista de España) dibujó de nuevo un escenario con dos formaciones. El diseño de estrategias distintas que se acentúan en el papel que debe jugar Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), su política de alianzas y la gestión federal de IU, junto a la inestabilidad propia de las relaciones entre dos partidos que compiten por un mismo espacio, consolidó la confrontación entre ellos. Pese a todo, en los últimos cuatro años se han producido los cambios suficientes para que se activara un proceso de unidad.

Desde 2010, el PCC primero y, después, el PSUCviu han modificado su estrategia debido al cambio en las direcciones de los dos partidos y al abandono de aquellos que anclaban la estrategia de cada partido en el extremo opuesto al del otro. Paralelamente, el cambio de rumbo del PCC ha facilitado unas buenas relaciones con el PCE en la dirección de IU desde que Cayo Lara es coordinador general, condición indispensable pero no suficiente para el acercamiento de todos los comunistas en Cataluña. Una mayor exigencia por parte del PCC en lo que se refiere a la visibilidad de los postulados políticos de EUiA y al peso de los movimientos sociales, junto al cambio de dirección en el PSUCviu, que apuesta por participar de nuevo en EUiA, son los factores que han propiciado el inicio del proceso de unidad.

El PCC, bajo el liderazgo de Marià Pere y Jordi Miralles, aplicó durante años un análisis político basado en la necesidad de tejer alianzas con la izquierda moderada y el centro-izquierda para contrarrestar la hegemonía neoliberal de la oligarquía catalana. Un frente, pues, de las izquierdas políticas y sociales bajo una cultura de complementariedad que hiciera bascular el centro de gravedad del sistema político hacia postulados progresistas. De esta estrategia surgía una táctica a favor de la unidad con el centro-izquierda en cada frente y del acercamiento a formas de acción y postulados políticos de izquierda socialdemócrata, dando mucha relevancia a la acción institucional.

La táctica de este partido en el frente institucional y en el de la política de alianzas consistía en presentar una EUiA con un discurso de bajo perfil ideológico frente al sistema y en asumir una alianza con Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) en condiciones de desigualdad tanto en términos de representación parlamentaria como de línea política. En aquellos años, la dirección de EUiA no criticó abiertamente aquellas decisiones y actuaciones de los gobiernos tripartitos que entraban en grave contradicción con su programa (como, por ejemplo, la aplicación del Plan Bolonia o la gestión de la Conselleria de Interior) y, dentro de Izquierda Unida, apostó por el liderazgo de Gaspar Llamazares y por su línea cercana al PSOE y poco proclive a los movimientos sociales alternativos. En Comisiones Obreras prefirió apelar a la unidad antes que construir o apuntalar el sector crítico, mientras que en el terreno de los movimientos sociales optó por los movimientos sectoriales (como Dempeus per la Salut Pública) antes que por los ámbitos más alternativos.

Antes de entrar en la estrategia que mantuvo el PSUCviu, hay que contextualizarla. Este partido nació años después de la “congelación” del PSUC histórico y a raíz de la moderación ideológica y la voluntad de acercamiento al PSC pregonada por la dirección de IC (entonces liderada por Rafael Ribó). Los fundadores del PSUCviu habían formado parte del sector más crítico dentro de IC, aunque el elemento que propició la escisión fue la crisis entre IU e IC, que también llevó a la fundación de EUiA. Este origen marcó la genética del PSUCviu en cuatro sentidos. Ante todo, en tanto que aspiró a ser el partido de los todos comunistas pese a haber sido creado por activistas muy concretos: los que en el V Congreso del PSUC formaron parte del sector leninista y no evolucionaron hacia el ecosocialismo, más aquellos que volvieron al PSUC en 1989 procedentes del PCC, por lo que resultó poco probable que se unificaran con este último. En segundo lugar, los del PSUCviu estaban empapados del propio funcionamiento de una IC institucionalizada y, de entrada, no construyeron partido, sino que pensaron que dominarían la nueva EUiA por su experiencia. Tercero, el hecho de ser una escisión de IC les llevó a radicalizarse y a despreciar el proyecto de ésta, pasando a estar a la izquierda del PCC pese a provenir de su derecha. Y por último, el apoyo que recibieron desde el PCE fue su principal activo hacia fuera y a nivel interno (sobre todo cuando perdieron fuerza dentro de EUiA), pero también les llevó a hacer un análisis de la política catalana desde la óptica del PCE y no partiendo de la realidad autóctona.

La pérdida del control de EUiA en 2002 supuso un desengaño muy importante para la militancia del PSUCviu, ya que culminó con un acuerdo de coalición desigual entre EUiA e ICV. Y como no fueron capaces de construir estructuras de partido y cohesión interna, al perder el control del proyecto de EUiA fueron perdiendo terreno dentro de ella y también militantes. Ello generó dentro de EUiA unas dinámicas de mayoría y minoría, esto es, una confrontación entre un PCC hegemónico y un PSUCviu que fundamentaba sus posiciones en la crítica y en las posturas de máximos, con mucho miedo a caer en contradicciones. En este contexto, el PSUCviu diseñó una estrategia basada en crear alianzas para hacer crecer el anticapitalismo en Cataluña, dando mucha importancia a los movimientos sociales más alternativos y muy poca a la acción institucional (en parte por convencimiento y en parte porque no fue capaz de mantener su influencia dentro de una EUiA que no actuaba como frente anticapitalista). Para el PSUCviu, las alianzas con el centro-izquierda eran circunstanciales para poder aplicar acciones de gobierno concretas, pero en ningún caso eran estratégicas. Dicho elemento estratégico, junto a la procedencia de este partido y a la dinámica de minoría, hizo que no tolerara el formato y el papel político de la coalición ICV-EUiA ni el seguidismo hacia los ecosocialistas que desarrollaba la dirección de EUiA. Si sumamos los distintos elementos definitorios de la actuación del PSUCviu y los aplicamos a la dinámica española, entenderemos su crítica a la dirección de Gaspar Llamazares (conflicto con el PCE, complementariedad con el PSOE y acción institucionalizada) y cómo el apoyo del PCC a éste deteriorara las relaciones entre los dos partidos comunistas catalanes.

Semejante escenario empezó a cambiar a finales de 2008, cuando en la Asamblea Federal de IU el PCE sumó la mayoría relativa en detrimento del sector capitaneado por Llamazares. En aquella Asamblea, el PCC ejerció de bisagra pese a presentar a Joan Josep Nuet como candidato a coordinador general frente a Cayo Lara. Al fin, y gracias a la creación de una dirección integradora, Lara se hizo con las riendas de IU, por lo que el PCE volvió a trabajar a fondo en la organización y el PSUCviu tuvo que replantear toda su estrategia. En efecto, este partido reformuló su análisis respecto a EUiA por los cambios a nivel federal, las relaciones entre el PCC y el PCE y las nuevas posturas del PCC. Dicho cambio se consolidó en el convulso XIV Congreso, forzado por los sectores más críticos con la dirección de Albert Escofet y que terminó con el nombramiento de una nueva dirección capitaneada por Alfredo Clemente y Héctor Sánchez. De allí salió una nueva estrategia que mantiene el peso del trabajo en los movimientos sociales pero sin contraponerlo a EUiA y al ámbito institucional, que recupera el trabajo en EUiA, que acepta críticamente la coalición con ICV y plantea la necesidad de la unidad comunista en Cataluña.

Al mismo tiempo, un sector mayoritario del PCC, después de años de coalición con una ICV dominante y de gobiernos tripartitos, reclamó reformular su propuesta del “Frente de Izquierdas” desde un ámbito más combativo y menos institucionalizado y sin priorizar las alianzas con el centro-izquierda. Sus integrantes plantearon la constitución de un nuevo espacio de la izquierda alternativa que fuera más allá de la coalición con ICV y la necesidad de dotarse de un partido comunista fuerte y unitario. Este cambio estratégico, visualizado después del XII Congreso del PCC del año 2010 e impulsado por el nuevo secretario general Joan Josep Nuet, se encuentra en todos los frentes: apuesta por una EUiA integradora que mantenga un perfil propio más marcado y con soberanía para tener relaciones con la izquierda alternativa más allá de la coalición con ICV (que debe mantenerse, aunque en condiciones de igualdad, y ampliarse); impulso de los movimientos sociales alternativos y del sector crítico dentro de CC.OO; buenas relaciones con el PCE y acercamiento al PSUCviu.

Como vemos, los dos partidos han abandonado los extremos tanto en un sentido estratégico como personal. Los dirigentes que controlaban las anteriores cúpulas han perdido la hegemonía en las direcciones actuales y ello se nota en las estrategias de ambos partidos, en la conceptualización de las alianzas y en las coincidencias en el análisis. Este cambio ha llevado a que estas personas abandonaran sus organizaciones. La importante minoría que perdió el congreso del PSUCviu de 2011 dejó el partido y creó el grupo Xarxa Socialista Unificada de Catalunya. En el ámbito del PCC el proceso está a medio camino: Marià Pere, secretario general hasta 2010, ha abandonado el partido, así como personas relevantes de su sector como Jordi Ribó. Otros, como los ex diputados Mercè Civit o Jordi Miralles, siguen afiliados pero con posiciones muy críticas.

Con estas condiciones propicias disminuye la competición, la gestión de EUiA es compartida y los dos partidos han iniciado los trabajos para concretar el proceso de unidad. Habrá dificultades que sortear como son los miembros críticos que se mantienen dentro del PCC, el equilibrio entre soberanía plena (modelo del PCC) y federación dependiente (modelo del PSUCviu) en las relaciones del nuevo partido con el PCE o la gestión del proceso de autodeterminación de Cataluña entre sectores de un PSUCviu que se han posicionado en un análisis muy poco soberanista. Con todo, si logran crear una síntesis satisfactoria y son capaces de dar vida a un proceso que no sea sólo una suma de dos grupos, sino que pueda abrirse a marxistas heterodoxos y comunistas sin carnet desengañados por años de divisiones y políticas erráticas, conseguirán una herramienta potente para la creación de un nuevo espacio de las izquierdas alternativas en Cataluña.

 

[Ricard Ribera es politólogo y autor del blog: www.cienciadesdelapolitica.cat]

26/3/2013

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