El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; solo puede serlo un organismo, un elemento social complejo en el que ya se haya empezado a concretar una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción.
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Se habla de capitanes sin ejército, pero en realidad es más fácil formar un ejército que formar capitanes. Tan cierto es eso que un ejército ya existente queda destruido si llegan a faltarle los capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, en buenas relaciones, de acuerdo entre ellos, con fines comunes, no tarda en formar un ejército incluso donde no lo hay.

